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sábado, 7 de junio de 2014

PDVSA pedalea furiosamente su macabra bicicleta financiera

Gustavo Coronel


Petróleos de Venezuela continúa endeudándose hasta sus más recónditas entrañas, frente a las narices de un país aletargado cuando no embrutecido. Ya nadie se ocupa de esta catástrofe. La MUD solo piensa en elecciones, porque esa es su especialidad. Los miembros de la oposición en la Asamblea Nacional duermen un profundo sueño, menos el día de pago. Los antiguos gerentes de PDVSA, quienes saben bien  lo que sucede, ya tiraron la toalla (no los culpo), con la excepción de tres o cuatro ancianos testarudos. Los centros académicos callan. El país se va por los desaguaderos cloacales de la ineptitud y de la corrupción.
 
Ayer PDVSA recibió otros dos mil milloncejos de dólares de las empresas ENI y Repsol, con el propósito declarado de desarrollar los campos de gas costa afuera de Paraguaná, pero nadie garantiza que ese dinero servirá para eso y no para tapar las troneras financieras abiertas por el malandraje gerencial que maneja Rafaél Ramírez. En los últimos meses, sin contar la emisión de bonos y los dineros inorgánicos recibidos del hamponato del Banco Central, PDVSA ha mendigado hasta 12.000 millones de dólares de las empresas petroleras “imperialistas”, como las llaman ellos con cariño. En estos momentos busca un préstamo bancario por $3.000 millones más, para pagar los intereses de la deuda que se vencen este año.  Esta es una inmensa suma de dinero que solo podrá pagarse hipotecando aún más recursos petroleros de los ya hipotecados, recursos que no le pertenecen, pués son propiedad de la nación. El problema es que la nación está inerme ante el inmisericorde saqueo al cual está sometida. 
 
Esto se está llevando a cabo debido a la insaciable rapacidad de un régimen que ha dilapidado nuestro patrimonio y ante la complaciente actitud de empresas que le dan dinero: la empresa China CNPC, ChevronTexaco, ENI, Repsol, Gazprom, Perenco, Schlumberger, Halliburton, Weatherford. Estas empress han decidido arriesgar algún dinero de sus ganncias en otros países para permanecer en Venezuela y lograr quedar como co-propietarios de las reservas de petróleo y gas venezolanas cuando el régimen colapse. Desde un punto de vista de estricta estrategia comercial, desprovisto de basamento ético, estas empresas están agarrando los mangos bajitos, afianzándose en Venezuela por virtud de sus aportes financieros a un régimen degradado. Recuerda un poco la historia del Mr. Danger de “Doña Bárbara”, dándole licor a un degenerado Lorenzo Barquero para tratar de acostarse con su hija  Marisela. 
 
Barquero tuvo un postrero momento de dignidad que lo redimió, al menos parcialmente. La PDVSA de Ramírez y Maduro no lo tendrá porque es una empresa orientada a engordar hampones a costa de la ruina nacional. Ya hemos visto que el presupuesto de PDVSA para 2014 es tragicamente deficitario.
​¿​
Con qu
e
taparán el hueco? Pués montándose en la bicicleta y pedaleando furiosamente. Lo que han montado es un gigantesco esquema Ponzi.  
 
Este régimen no debe continuar en el poder ni un día más. Permitirlo es terminar de arruinar a Venezuela. Quienes tienen el poder de parar esta hemorragia y no lo hacen son cómplices de la ruina venezolana.
​¿​
Quedará por allí alguien que tenga un postrero momento de dignidad? 

sábado, 17 de diciembre de 2011

JUBILACIÓN MACABRA.



Rafael Gallegos
                                       “Te voy a mandar a buscar con la muerte.”  Frase popular                                                                                   
Ese día le tocaba morirse. O le había tocado.

Siempre fue olvidadizo. Nunca recordó llenar el carro de gasolina, ni sacar plata para los fines de semana, o meter las medias o el cepillo de dientes en su maleta de viajero.

A veces olvidaba peinarse o salía sin zapatos a la calle. Más de una vez se había presentado a su oficina en domingo y sólo aterrizaba a la realidad cotidiana por la voz del vigilante, ya acostumbrado a sus desvaríos rutinarios.

  - Sr. Domínguez, hoy es domingo - le decía.

  -  Ah caramba, contestaba Domínguez - y sin decir nada más, retomaba el camino hacia su casa.

 Le había tocado morirse; pero de manera increíble, lo olvidó. Y más infinitamente inverosímil fue que La Muerte, la puntual e infalible Muerte, por uno de esos aislados e indescifrables fenómenos que ocurren cada cinco o seis ciclos astrales, se había perdido buscándolo. Sí, se había perdido. Domínguez, agente viajero, estaba en San Carlos cuando La Muerte fue a buscarlo a Caracas y en San Fernando de Apure cuando  fue a buscarlo a San Carlos  y en Caracas cuando esta llegó a San Fernando de Apure.

Veinticuatro horas de búsqueda infructuosa y, de paso, el subconsciente de Domínguez - para variar - había olvidado la cita, mas no así su organismo. Ya su boca se abría y se hinchaban las vísceras y comenzaba a despachar a su alrededor una fetidez que lo dejaba sólo en todos los sitios.
Ante los inequívocos signos, cayó en cuenta. 

-  Ah caramba, se me olvidó morirme - se dijo.

E inmediatamente Domínguez, olvidadizo pero cumplidor, comenzó a buscar a La Muerte para poner finiquito.

Fue al telégrafo, aunque no sabía a dónde se enviaban los telegramas a La Muerte. No tuvo necesidad de averiguar la dirección. Llegó al sitio y lo asoló. Ya no sólo era la hediondez, sino también los cachetes que ya se desmoronaban anunciando la calavera.

Caminó la ciudad tratando de toparse con La Muerte. Muchos días, muchas noches. Todo el esfuerzo  infructuoso.

Primero se fueron las carnes. Quedó en los huesos. Luego notó que la gente no le huía. Era que ni lo oía ni lo veía. No tardó en darse cuenta de que era un fantasma caminando entre los vivos.

Se acostumbró a andar y hasta  a desandar. Un día, obedeciendo a un impulso repentino y como instintivo, decidió saludar a un desconocido. Lo palmeó y este cayó al sitio en el acto.

- Un infarto - voceaban los curiosos.

Más tarde, sin saber como, llegó en un inmenso hospital al cuarto de un moribundo. Sintió de nuevo el extraño impulso. Lo tocó y lo convirtió en cadáver.

“Dos muertos en un rato”, pensó extrañado.

De pronto, encontró a La Muerte frente a  frente. Como si jamás la hubiera estado buscando, se aterrorizó.

-  Cálmate, no te haré daño, le dijo La Muerte a Domínguez. Vengo a entregarte mis archivos y mis notas. Tú serás mi sustituto. Me di cuenta de este alto designio al perderme, por primera vez en miles de años, cuando en un trabajo de aparente rutina te busqué.

-  O sea… ¿usted está diciendo que yo soy La Muerte? - preguntó, atónito, Domínguez.

-      Voy a descansar en paz - fue la respuesta de La Muerte jubilada.

POS DATA:

Quien fuera una vez Domínguez nunca dejó de ser olvidadizo y la superpoblación del mundo arreció, llegando a haber asociaciones de moribundos que lo aclamaban al igual que muchos viejitos de cientos de años y accidentados y almas que iban y venían de un famoso túnel viendo una luz infinita y tranquilizadora, que apenas comenzaba a llenarlos de paz, desaparecía haciéndolos aterrizar nuevamente en  su cruda realidad terrestre.

Domínguez escuchaba las aclamaciones y se apenaba y anotaba rigurosamente en una agenda que a veces olvidaba revisar, o peor aún, que a veces olvidaba que tenía.  

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