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lunes, 27 de febrero de 2012

¿SORPRESAS?

Alberto Quiros Corradi

Debo confesar que los resultados electorales de las primarias me produjeron cuatro sorpresas. 
 
1. Los más de tres millones de ciudadanos que acudieron a la cita. Por cierto que el porcentaje de asistentes hay que calcularlo no sobre el total de los inscritos en el REP (17.5 millones) sino sobre 8.75 millones, la mitad opositora. La otra mitad chavista no tenía porque asistir a las primarias. Visto así el porcentaje de asistentes es de aproximadamente el 35%. Un verdadero aluvión para unas primarias. De manera que una de dos, o dentro de la oposición votaron muchos más de lo que se espera en este tipo de eventos o también votó un número importante de los que creíamos chavistas y ya no lo son. Cualquier explicación para los 3 millones de electores favorece a la oposición. 
 
2. La enorme ventaja de Capriles sobre Pérez. Como el gobernador del Zulia logró lo suyo en su región, la única explicación, aparte del fenómeno electoral que resultó ser Capriles, es que el partido AD, que supuestamente tenía la maquinaria para “vender” a Pérez en el resto del país, no se esforzó en hacer esta tarea porque su maquinaria estaba ocupada colocando 64 candidatos a alcaldes. Esta derrota de Pérez abre más interrogantes sobre el peso que tiene este partido y menos sobre la popularidad de quien, como es todavía joven, para una próxima ocasión deberá escoger aliados más efectivos y comprometidos. 
 
3. La derrota de Gerardo Blyde en Baruta. Apenas tengo unos meses residenciado en ese municipio, pero por lo que he visto y oído Blyde hizo una gestión exitosa contra el telón de fondo de graves dificultades creadas por las lluvias, los derrumbes y los damnificados, todo lo cual lo resolvió a punta de esfuerzo sin contar con recursos suficientes ni ayuda del gobierno central. Las elecciones para alcaldes no serán hasta el 2013. Sé que Blyde no se frustrara por este resultado y continuara su gestión con el mismo entusiasmo y eficiencia que ha demostrado hasta ahora. 
 
4. Los pocos votos que obtuvo María Corina Machado. La diputada independiente le demostró al país, más allá de toda duda, su inteligencia, su valentía y la calidad de sus propuestas, amén de una habilidad para presentar sus ideas que llamó la atención de los ciudadanos. Uno no puede explicar ese resultado sino por la costumbre nacional de votar no por el que se considera mejor sino por el que se piensa que va a ganar. (La supuesta economía del voto) En este caso es lamentable que se continuara con esta tradición ya que todos estábamos dispuestos a apoyar a quien ganara. Estas primarias nos daban la oportunidad dorada de votar de acuerdo a nuestro criterio y la mayoría no lo hizo. Capriles y Pérez deben saber que en su caudal de votos hay muchos que les pertenecen a Diego, a Medina y a María Corina, quien a estas alturas ya debe haber aprendido que en nuestro país es más importante aparecer bien en las encuestas que derrochar talento. Algo verdaderamente desconsolador. 
 
Dicho lo anterior y recuperado de las “sorpresas”, que no lo son tanto, dado que una vez explicadas dejan de ser sorpresas, me monto como pasajero activo en el autobús de Henrique Capriles con la convicción de que todos vamos a luchar y lograr el objetivo mayor: derrotar a Chávez en octubre. Henrique ha demostrado repetidamente que es honesto, buen administrador y que no pierde elecciones. El esfuerzo que todos tenemos que hacer ahora es trabajar para mantener su invicto.
Los vientos que impulsaron a las primarias nos llevaran a las playas de un nuevo país.

domingo, 11 de diciembre de 2011

DEBATE II

Alberto Quiros Corradi

El segundo debate tuvo un formato diferente al primero. Se mantuvo la restricción de un minuto por candidato para responder preguntas formuladas por seis periodistas. El orden de la interacción fue aleatoria. Esto garantizaba que no hubiera preguntas “arregladas” salvo que la suerte “casara” a un candidato con su pregunta. La máquina, que seleccionaba la pregunta y al candidato, le dio al ambiente un cierto aire de frivolidad que deslucía ante la seriedad que debía tener el debate. Eso, y la ausencia de público visible, le resto calor al escenario que lució demasiado aséptico.
Las preguntas fueron adecuadas salvo en una ocasión cuando el periodista se regocijo demasiado con su propio verbo. Los representantes de los candidatos deben repensar el tiempo de un minuto asignado. Dos minutos les daría la oportunidad de redondear sus intervenciones. Eso y buscar la forma de que dialoguen entre ellos para que haya un verdadero debate. En esta ocasión se perdieron oportunidades para contrastar opiniones cara a cara. Una de ellas fue cuando le preguntaron a Capriles si apoyaría el Juicio a Chávez en la Haya. Capriles respondió que él no era Juez y a Diego Arria se le quedó fría la contra réplica.
Mi opinión sobre las intervenciones de los candidatos: Pablo Medina. Estuvo bien. Contesto las preguntas y aprovecho segundos que le quedaban para introducir temas que quería proponer. Los debates ganan mucho con la participación de Medina. Un candidato que no le tiene miedo a los temas y que representa a un sector del país (laboral) que no podía estar ausente de este proceso.
Enrique Capriles. Aprovechó su tema favorito, la educación para dar buenas respuestas. Sigue dando la impresión de excesivo cuidado. Como si estuviese protegiendo la ventaja que lleva en algunas encuestas. Pareciera que le han sugerido que no ataque al régimen, como una manera de ganarse a los ni-ni y al chavismo descontento.
María Corina Machado. Muy bien. Sin duda la mejor de la noche. Desde el comienzo hasta el remate, segura, serena, manejando cifras, conceptos y reiterando que nada de lo que ofrecen los candidatos, ella incluida, puede lograrse si no se ejecuta la primera prioridad: derrotar a Chávez.
Diego Arria. Es el único al que parece sobrarle siempre tiempo. Después de María Corina fue el mejor. Cuando no se sintió capacitado para dar una respuesta adecuada confesó no saber mucho del tema. Eso cayó bien. La ciudadanía no anda en busca de enciclopedias ambulantes. En el remate se le trastocaron un poco las ideas.
Pablo Pérez. Bien. Mejor que en el primer debate. Sin embargo tuvo dos deslices. 1) Cuando dijo que PDVSA produciría 4 millones de barriles diarios. Eso no es posible. Una sola entidad no puede con tamaño reto. 2) Cuando le preguntaron si él aceptaría una victoria de Chávez respondió que Chávez tendría que aceptar una suya. Pero remato bien y su imagen está cogiendo fuerza.
Leopoldo López. Uno de los más inteligentes. Habla bien. Conoce los temas álgidos del país pero no ha logrado conectar con la audiencia en los dos debates. No sé quien lo asesora pero en este debate en tres ocasiones no contestó lo que le preguntaban y se aferró al tema de la seguridad, fuera de contexto. Yo sé que Leopoldo tiene mucho más talento del que ha exhibido en los dos debates.
Ojalá que los organizadores cambien el formato y el tiempo asignado para el próximo debate.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Los pre-candidatos de la democracia

Gustavo Coronel

Dedicatoria: a los líderes de verdad, aquellos quienes saben que se quedarán en el camino

Creo sinceramente que cualquiera de los cinco pre-candidatos presidenciales de la oposición: Leopoldo López, María Corina Machado, Diego Arria, Henrique Capriles Radonsky y Pablo Pérez (pienso que Pablo Medina está fuera de lote), representarían una alternativa significativamente superior al desastre que ha sido Hugo Chávez Frías y su pesadilla de catorce años. Cualquiera de ellos es superior a Hugo Chávez en todo sentido: intelectual, de integridad personal y de actitud moderna frente al país.

Observo, sin embargo, que con sus excepciones, los candidatos aún mantienen la ilusión de estar participando en un torneo democrático y civilizado, cuando la realidad es diferente. Hugo Chávez y su pandilla están enquistados en el poder y piensan conservarlo a como de lugar. Chávez no ve adversarios sino enemigos a quienes aplastar. Mientras tanto, del otro lado, los pre-candidatos en su mayoría conservan sus guantes blancos, como si a quien tuvieran enfrente fuese un Churchill y no un “Chapita” Trujillo. Lo que tienen por delante, mis amigos, es un paracaidista inculto, acomplejado y enfermo de poder.

Y asi vemos que un precandidato nos dice que pretender introducir cambios en el gobierno sería ponerse una soga al cuello. Otro promete mantener el dañino monopolio estatal de PDVSA. Alguno afirma que habría que “estar loco” para cancelar las misiones (cuando, según apunta el Banco Central en sus informes, muchas de ellas ya se han convertido en quincallas ineficientes). Otro afirma que no le corresponde “juzgar” a Chávez.

Con excepción de uno, quizás dos, de ellos, los pre-candidatos están jugando el juego político dentro del sistema impuesto por Chávez. Se mantienen decididos a no confrontar lo que ha sido el mayor crímen perpetrado contra la Nación venezolana desde el inicio de su historia republicana. Es evidente que ello obedece a una estrategia política diseñada para no ahuyentar el posible voto de los chavistas “light” desencantados o de los inescrutables ni-nis.

Esta estrategia parece aceptar que “decir las cosas como son” significaría proyectar una imágen de radicalismo que los sacaría del juego. Significaría aceptar que en la política, como en el amor, la mentira es aceptable y aceptada, casi como una cualidad. Y debo admitir que el pre-candidato que se aparte de esta línea en la Venezuela de hoy tiene pocas posibilidades de ganar la contienda. Y esto se debe a que el pueblo venezolano no está listo, después de catorce años de demagogia salvaje, para el líder sincero e íntegro. Este pueblo se aferra deseperadamente a la ilusión y a la promesa irrealizable y pide, como en aquel bolero que cantaba Olga Guillot: “Miénteme más, que me hace tu maldad feliz….”.

Uno piensa con nostalgia en la actitud de estadista verdadero que tuvo Churchill en un momento crítico para su país: “No tengo más que ofrecerles que sangre, sudor y lágrimas”. Pero al mismo tiempo debemos admitir que ese Churchill no hubiera durado más de unos minutos en El Silencio o en la Plaza de Altamira, antes de ser abucheado. Al líder que deseé "vencer" en Venezuela se le exige que siga diciendo que somos un país muy rico, que el venezolano y la venezolana son seres bellos y nobles, que la riqueza petrolera nos dará felicidad y atraerá a tantos  inversionistas que tendremos que quitarnolos “a sombrerazos”, para usar el lenguaje del Monje Loco Giordani, que se mantendrán las dádivas y las limosnas y que debemos ser “machos criollos/vernáculos/
patrioteros”. Si Chávez habla del petrobono, le responden con la tarjeta Mi Negra. Si Chávez dice que construirá 300.000 casas por año, otros responden que crearán un millón de empleos en 2013. Si Chávez habla de socialismo, el otro responde con la predominancia del estado.

En otras palabras, los líderes venezolanos aún se contentan con hablar el lenguaje que la masa desea oir. Caminan detrás de  la masa, cuando su verdadera misión es la de enseñar el camino, caminándolo sin ver hacia atrás si lo siguen o no.

Y debo aclarar: enseñar el camino y caminarlo no es igual a imponer un camino, que es lo que hace nuestro amigo Esteban. Imponer un camino, sobretodo quedándose atrás, en el Museo Militar, no representa un acto de liderazgo sino un acto de cobardía.

Algun día nuestro pueblo apreciará el verdadero liderazgo y será persuadido a seguir el camino que ese liderazgo les enseñe. Antes de que ello suceda, me temo, muchos líderes genuinos se quedarán en el camino, sin tener el reconocimiento que deberían haber tenido. Por cada héroe venerado hemos tenido tres héroes anónimos.

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