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sábado, 30 de junio de 2018

Humillar la academia...


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Publicado: Jueves 28 Junio de 2018 


Ese contraste entre riqueza académica, intelectual mientras apenas se sobrevive con poco más de 1 dólar, es inmoral, obsceno y ofende la dignidad de un profesional.

Mi esposa llega a la casa visiblemente consternada y entristecida. Me cuenta que en su universidad, en el Departamento de Matemática, a uno de los profesores lo encontraron en su sitio de trabajo medio desmayado. –Pero no quiso ser atendido. Se fue a dar su clase, me dice.

Al rato me comenta que por las redes sociales, en su grupo de contactos, informan que el profesor Pablo Pérez fue rescatado por sus estudiantes, quienes tuvieron que hacer una colecta y comprarle dos arepas con queso. –Estaba tan débil que no podía sostener la arepa para masticarla, -me dice. –Mientras estaba explicando un ejercicio, de repente se desvaneció y lo tuvieron que sostener y sentar para que se recostara en su escritorio.El profesor Pérez tiene que caminar 60 cuadras para llegar hasta la universidad. De ida son 30 cuadras e igual de regreso. Si tiene suerte, se monta en el autobús de los estudiantes y se queda cerca de donde vive, por barrio Unión, en Barquisimeto. Con todo y doctorado no tiene capacidad monetaria para mantener su vehículo, ni tampoco para comprarse ropa ni zapatos. Todo eso me lo comenta mientras su mirada se torna enrojecida y la rabia e impotencia se traducen en palabrotas y maldiciones contra el régimen.

   Pero aunque le escucho, la imagen de otro profesor todavía la tengo grabada en mi memoria. Saúl Moreno es su nombre. Tiene las mejillas hundidas y una barba de varios días. Los ojos vidriosos. Encorvado a pesar de no tener más de 45 años. De voz amable y muy solidario. Su vestimenta es precaria y toda su humanidad delata la miseria y el hambre que padece.

   Esta es la cruel y devastadora realidad del Alma Mater en Venezuela. La universidad venezolana está en la miseria y ruina. El reducto de dignidad que por años blandía con orgullo y virtud hoy está siendo mancillado, ejecutado de manera planificada por el régimen totalitario.

   Quienes persisten como mi esposa son más que docentes, apóstoles académicos que acuden al Alma Mater para encontrarse con no más de 4 o 6 bachilleres. Salones de clases que antes se mantenían con 35 o 42 estudiantes, no quedan sino sombras con pupitres vacíos. Es que el régimen, de hecho, los está excluyendo del sistema educativo.

   La universidad venezolana, republicana, autónoma, democrática y pública está siendo ocupada por el hambre, la marginalidad y la delincuencia. El promedio de sueldo de un docente-investigador apenas llega a 1,5 dólares al mes. Yo sobrepaso ese mísero pago por contar con otra entrada, la de mi pensión. Así, llego a más de 2,5 dólares. Junto con el sueldo de mi esposa, 2,5 dólares, con todo y su orgulloso doctorado, sobrepasamos los de muchos docentes.

   Pero para sobrevivir tenemos que ponernos a hacer galletas, suspiros, tortas por encargo, y así llegamos vivos a fin de mes. Ya es raro cuando compramos jamón o salimos a un centro comercial.

   Descubrí por estas madrugadas que tomar agua amortigua el hambre y la engaña. Pero no puedo dejar de pensar en el profesor Pérez y el rostro del profesor Saúl me persigue. Ese rostro del hambre, del desespero y también de quien calladamente sigue adelante. No tengo casi palabras para rellenar este escrito. Todo se me convierte en imágenes, rostros demacrados, gente que veo por las calles, tristes, cabizbajas, silenciosas, solitarias.

   Las veces que he ido a buscar a mi esposa a la universidad politécnica no escucho las risas ni la bulla de los estudiantes. Todo se nota enmudecido. Todo está quedando en cámara lenta. Las personas miran al suelo como buscando una moneda perdida. Hace varios días fui a llevar un documento de mi esposa a una oficina. Era mediodía. Los empleados comían en sus lugares de trabajo. Apenas una sacaba un pedazo de pan y lo mordía mientras me recibía la planilla. Cuando salí, por los jardines llenos de hojarasca, varias personas estaban almorzando mango verde y arepas. Cuando me vieron, disimularon reírse y ocultaron la fruta.

   -Es que en la universidad todavía hay dignidad, orgullo y vergüenza. -Eso es una muralla contra la tiranía, pensé. Pero después, reflexioné y me acordé de la vez que viajaba con mi entrañable amigo y poeta, Abraham Salloum Bitar. Mientras conversábamos sobre la indigencia, de pronto él me sentenció: -Si yo cayera en la extrema pobreza, llevado por un régimen tiránico. Si me acorralan y tuviera que refugiarme debajo de un puente para vivir. Preferiría suicidarme. No sé cuál sea el pensamiento de los cientos de miles de docentes universitarios que están cayendo en la miseria material. Ese contraste entre riqueza académica, intelectual mientras apenas se sobrevive con poco más de 1 dólar, es inmoral, obsceno y ofende la dignidad de un profesional. No sé, ni quiero pensar en ese doloroso contraste que estoy describiendo.

   No tengo palabras para narrar la miseria que veo en la universidad. Su fuente casi inagotable que ha sido la producción de conocimiento, mientras se practica el sentido de la justicia, la libertad y la democracia como virtudes y principios del Alma Nutricia, están siendo fracturados en sus dos bases esenciales: su población cívica (estudiantes, profesores, personal administrativo y de servicio), y el presupuesto para hacer academia/producir conocimiento (investigación, docencia y extensión). La universidad venezolana, hoy, es un inmenso colegio donde apenas se ofrecen clases y prácticas teóricas sobre documentación desactualizada. Laboratorios, bibliotecas, publicaciones, centros deportivos y artísticos, así como proyectos y asesorías externas, han pasado a segundo plano o dejaron de funcionar por falta de presupuesto. En cualquier centro universitario venezolano se ven las huellas del hambre, tanto en los rostros y vestimenta de sus profesores, estudiantes y demás personal administrativo y de servicio, como en el absoluto abandono de sus áreas verdes e inmuebles.

   Los profesores Pablo, Saúl, así como mi esposa y tantos miles de docentes-investigadores están siendo acorralados por el hambre, la marginalidad y la delincuencia que permite el régimen totalitario. Pero hay que resistir, persistir y no desistir. Hasta más allá del hambre y la miseria resistiremos. Los estudiantes no se quedarán desamparados. Nuestro destino es luchar con lo mejor que sabemos hacer: producir conocimiento.

(*)  camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis   IG @camilodeasis1

jueves, 9 de diciembre de 2010

EXPROPIACIÓN PARA HOY, HAMBRE PARA MAÑANA




 Rafael Gallegos

El gobernante populista es como el padre que a objeto que los muchachos no lloren, les da la plata de pagar la electricidad para que se vayan al cine y a los pocos días… les cortan la luz. Es como una película que se filma continuamente a lo largo y ancho de todo el planeta.  Podríamos titularla “La engañosa ruta del populismo”. La pasaron en la Argentina de Perón, donde por obra y gracia del caudillo y su esposa Evita quebraron – eso sí, en el nombre del pueblo- las arcas argentinas y provocaron en el mediano plazo hiperinflación y dictaduras. O tras la cortina de hierro, donde con la careta del comunismo, expropiaron todas las empresas que generaban bienes y servicios y por ende trabajo; el fracaso fue tan gigantesco que al cabo de cuarenta años derribaron el Muro de Berlín, que habían levantado “y que” para proteger al hombre nuevo contra el “oprobioso” capitalismo europeo. Igual sucedió en Cuba, donde al son del imperialismo soviético acabaron con la iniciativa privada, creando el marasmo económico más grande de que se tenga noticia en América. También podría hablarse del Perú de Velazco Alvarado. Ejemplos sobran y por eso estamos como estamos.

La engañosa ruta del populismo siempre comienza con un mesías que invariablemente resulta un falso profeta, en medio de aplausos expropia a los “ricachones” en el nombre del pueblo y a la larga provoca estancamiento y miseria. Lo más pasmoso es redondísimo cero en gerencia con que ejecutan todas sus acciones. Y lo increíble es como muchos pueblos siguen  viendo la misma película, riéndose de los mismos chistes, llorando con las mismas tragedias y aplaudiendo las mismas falsas promesas, ignorando  que cada líder populista es la repetición del anterior, con distinto decorado. “Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”, decía el Libertador. Y los líderes populistas profundizan la ignorancia, para aprovecharse del las miserias del pueblo.  

DESEMPLÉESE

Según los deslenguados el rating de Aló Presidente ha aumentado en las últimas semanas. Ahora los “ricachones” que viven de su trabajo en alguna empresa próspera, ven aterrados el programa, rezando para que el comandante presidente  no diga “exprópiese” y como Houdini, les desaparezca su ingreso de quince y último. Exprópiese equivale a desempléese. Ya van miles de familias afectadas. Para muestra sobran botones. En las empresas básicas, ahora “soberanas”, cunden el desempleo y por lo tanto las neveras vacías. Las dos millones de hectáreas de haciendas intervenidas en el nombre del pueblo, se han convertido en eriales donde sólo se produce hambre. La costa oriental del Lago es un pueblo fantasma desde que expropiaron a las contratistas petroleras. ¿Qué es lo que quieren hacer con Venezuela? ¿Una quiebra generalizada para comerte mejor, como los Castro se han devorado  a Cuba por medio siglo?

El país maneja las peores cifras de su historia. 30 % de decadencia de la producción agrícola, PIB negativo, 30 % de inflación sostenida, 15 % de disminución de consumo en los supermercados. Más de 600.000 viviendas que han dejado de construir en doce años, lo que se refleja en tres millones de personas sin casa digna. A la PDVSA flácida, endeudada e hipo productora, ¡no le alcanza! el gigantesco precio de 80 dólares el barril.

Ahora destruyen la capacidad hotelera, que conste, no por utilizarlos para los damnificados, sino por la forma cero en gerencia como lo hacen. ¿Habrán tomado en cuenta los miles de damnificados… por desempleo, que generarán por el resquebrajamiento  de esos hoteles? ¡Ah! y en construcción de viviendas: ¿se atreverá alguien a invertir para que lo expropien, le digan ladrón  y lo manden para la cárcel? Si en lugar de tanto heroísmo ranchificador, se hubieran limitado a construir el mismo volumen de viviendas que el capitalismo de la cuarta…

 Cuando hasta Cuba comienza un proceso de privatización e intenta por ahora tímidamente, copiar la ruta China para salir del fracaso comunista, este gobierno le da la mano al mismísimo Trucutrú e implanta  prácticas desechadas hace décadas. Puro fracaso. Repetirán mil veces, hasta que el pueblo termine de descubrir la farsa,  la historia de expropiar, aplaudir, llenar la nueva empresa “revolucionaria” de franelas rojas, dar pérdidas y a la larga cerrar. ¿Puede un país progresar acabando con  sus fuentes de producción? ¿O peor, puede un país darse el lujo de tener un Presidente que no les habla a los gobernadores y alcaldes opositores?

Calidad de vida es productividad, confianza, seguridad legal, diálogo,  inversiones, eficaces políticas sociales.  Lo contrario de lo sucede en Venezuela. Las expropiaciones, arbitrariedades y exclusión de los que piensan diferente, sólo generan hambre. ¿Es eso lo que usted quiere para Venezuela?

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