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martes, 3 de enero de 2012

A civiles y militares



                                                                                         Eddie A. Ramírez S.
Para los  demócratas y para los totalitarios el 2012 es crucial. No será un año electoral más, sino un período  de enfrentamiento entre civilización y  barbarie. No hay espacio para timoratos, ni para ilusos que piensan que es posible convivir con un régimen que, de imponerse, terminará de ahogar las libertades y la propiedad privada. A estas alturas nadie puede alegar que el teniente coronel no es un autócrata, por lo que  civiles y militares tenemos que reaccionar  para evitar una mayor catástrofe.
Por errores de acción o de omisión, los civiles somos los principales culpables de la situación actual y por ello nos corresponde la tarea principal. Recordemos nuestra historia reciente. La dictadura de Pérez Jiménez surgió como consecuencia de las desavenencias de los civiles y solo llegó a su fin cuando cesaron las mismas. La lucha  de los años 60 fue por la pretensión de un grupo de civiles de imitar a la revolución cubana. El ascenso al poder del dictador de Sabaneta fue consecuencia de la incompetencia de los civiles para construir un mejor país. Los  trece años de atropellos del régimen a la Constitución y a las leyes han sido posibles por la complicidad de un grupo de jueces, fiscales, parlamentarios, ministros, empresarios, líderes políticos y formadores de opinión que por intereses bastardos o por cobardía han avalado los atropellos o  se hacen de la vista gorda.  Aunque pareciera cuesta arriba, ojala que rectifiquen por el bien de Venezuela y de ellos mismos.
 Entendamos que si el teniente coronel se impone el 7 de octubre, perderemos la República. Los demócratas hemos tenido logros importantes, pero no  suficientes. Recientemente, algunos insensatos compiten por alcaldías en poder de la alternativa democrática, lo cual es censurable en momentos de peligro y de escasez de recursos. Como ya es un hecho   irreversible,  solo instamos a que después del 12 de febrero,  ellos  y todos, nos dediquemos  con  ahínco a trabajar para ganar la presidencia. Si no hacemos nuestro trabajo, perderemos  espacios y nos quedaremos sin las actuales “islas de democracia”.  Una vez ganemos esa vital contienda, emprenderemos la lucha por alcaldías y gobernaciones.     
El alto mando militar también tiene su cuota de culpa en la actual calamidad, al permitir  la politización de la Fuerza Armada, el ascenso de oficiales sin méritos, la compra de armamento no apropiado,  la injerencia cubana, el disfraz del “comandante en jefe” y la represión violenta de la Guardia Nacional a ciudadanos pacíficos. A ellos solo les solicitamos  que cumplan con su deber, reconozcan los resultados electorales y  controlen la violencia que desatarán las hordas chavistas.
Como en botica:  El libro  “Marchas y contramarchas del petróleo”, de Rafael Quiróz, plantea el tema de precios versus producción, el cual  debería ser abordado por nuestros políticos. “Socialdemócratas vs. Comunistas”, de Antonio Ecarri B., permite conocer mejor esta controversia en nuestro país.

lunes, 5 de septiembre de 2011

GOBIERNOS MILITARES Y GOBIERNOS CIVILES



Rafael Gallegos

En ciento ochenta y un años, los venezolanos hemos sido gobernados por militares más de ciento treinta años y por civiles menos de cincuenta. Casi una historia de cuartel. Es muy simple, los libertadores se abrogaron el  derecho a gobernar luego de la Independencia. Como en el derecho de pernada de los señores feudales, se creyeron investidos del derecho a estrenar la virginidad de la República. Así el prócer José Antonio Paéz fue electo presidente en 1830. El Dr. José María Vargas, científico y Rector de la Universidad, se coló por la división de los militaristas y ganó las elecciones al siguiente período. Apenas meses después fue derrocado, por supuesto  que por militares. Páez salió de sus haciendas con sus peones convertidos en tropas. Lo defendió y lo retornó a la presidencia. Pero Vargas no quiso ser mampara y renunció al poco tiempo.

“No general, el mundo es del hombre justo”, le respondió  Vargas al  conspirador   Pedro Carujo, cuando éste le espetó justificando el golpe: “Doctor Vargas, el mundo es de los valientes”. Seguramente desde la puerta el capitán Julián Castro sonrió burlonamente ante tan desfachatada afirmación. Era el jefe de la compañía que rodeó la  casa de Vargas para garantizar el éxito de la intentona. Lo que no sospechó Castro es que años después, ¿ladrón que roba a ladrón?, él también sería derrocado. Y mucho menos que en un desparpajo similar, su golpista particular le espetaría socarronamente  cuando él se defendiera arguyendo que era el presidente constitucional: “Mire, usted será el presidente constitucional; pero está preso”. Militarismos veredes, Sancho – diría Don Quijote.

Salvo excepciones fugaces, pasaron CINCUENTA Y DOS AÑOS PARA QUE UN CIVIL VOLVIERA A LA PRESIDENCIA. El Dr. Rojas Paúl en 1888, quien fue sucedido por el Dr. Andueza Palacio en 1890 hasta 1892. Corto paréntesis cerrado por las montoneras encabezadas por el general Joaquín Crespo, que tomaron el poder con el rimbombante nombre de Revolución Legalista.  Pasaron CINCUENTA Y TRES AÑOS, hasta que el prócer civil  Rómulo Betancourt, y luego el  gran novelista Rómulo Gallegos ocuparan la silla de Miraflores, por apenas tres años, hasta el  golpe militar de Pérez Jiménez en 1948. Éste a su vez salió, diez años después, ante un movimiento cívico militar encabezado por almirante  Wolfang  Larrazábal, militar civilista que se negó  a dar un autogolpe para permanecer en el poder y nos legó la maravillosa lección de democracia, al dejar la presidencia  para ser candidato.

Luego, LOS GLORIOSOS Y VITUPERADOS CUARENTA AÑOS. Cuarenta años de gobiernos civiles. Con todos sus defectos, insuperables por ahora. A los menores  de treinta años hay que explicarles que hasta hace poco, en Venezuela había Presidentes de la República civiles, que se alternaban en el poder, que conversaban entre ellos, que no se insultaban, que el gobierno y la oposición jugaban dominó, que el Contralor y los Fiscales eran de oposición, que en el árbitro electoral estaban representadas todas las tendencias políticas, que la oposición ganó en ese período siete de nueve elecciones presidenciales, sin insultos, trampas, ni “victorias de m”. Y que esa gente  se enfrentó, en los años sesenta,  a más de veinte intentonas golpistas militares (algunas impulsadas por Fidel Castro). Y que además de demócratas eran eficientes y construyeron el Guri, el puente sobre el lago, decenas de universidades y escuelas, hospitales, Ciudad Guayana, autopistas y caminos agrícolas por toda Venezuela. Financiaron el programa de becas Gran Mariscal de Ayacucho. Nacionalizaron el petróleo, el hierro, hicieron la reforma agraria. QUE EL CONSUMO PERCÁPITA DE ALIMENTOS LLEGÓ A SU TOPE HISTÓRICO EN 1978.  También hay que explicarles que el modelo se agotó  y que en lugar de remozarlo con más democracia… llegó el comandante presidente y mandó a parar. 

En el mundo militares gobernantes fueron Hitler, Mussolini, Videla, Odría, Chapita, Franco, Pinochet. Pura represión y fracaso. Es muy simple, NO ESTÁN FORMADOS COMO ESTADISTAS. Y los países no son cuarteles. Ha habido excepciones, como De Gaulle, o Lázaro Cárdenas; pero son eso, excepciones. Nada que ver con Churchill, Roosevelt, Figueres el costarricense que basó el éxito de su país en la eliminación de la Fuerza Armada, Lagos, Kennedy, Felipe González, Aznar, Álvaro Uribe, Lula. Los grandes logros de los países en tiempos de  paz, han estado dirigidos… por estadistas civiles. Y en Venezuela ha habido buenas excepciones como López Contreras o Medina. También  particularidades  como Pérez Jiménez, con importante obra física en medio de fraudes, crímenes y represión.

Ojalá dentro de cien años, algún columnista pueda comenzar un artículo diciendo: en doscientos ochenta y un  años, los civiles nos han gobernado a los venezolanos durante ciento cincuenta años. La patria… lo agradecería.

martes, 16 de noviembre de 2010

Civiles y militares

Eddie Ramirez

Tradicionalmente las relaciones entre civiles y militares han sido de mutua desconfianza y no ha existido interés de ninguna de las partes por conocerse mejor. La consecuencia es la formación de estereotipos que no representan el todo. Los civiles tendemos a calificar a los militares de autoritarios, ambiciosos, abusadores, corruptos y alcahuetas del gobierno de turno. Los militares perciben a los civiles como anárquicos, improvisadores, egoístas, politiqueros y corruptos.



Favorablemente, a diferencia de algunos de los países suramericanos, en Venezuela no existe una diferencia de clases entre quienes acuden a la Escuela Militar y quienes van a las universidades y tecnológicos. Aquí solo hay oligarcas en el cerebro perverso del inquilino de Miraflores y, tanto civiles, como militares, progresamos gracias al ingreso petrolero. Unos y otros tenemos las mismas pocas virtudes y los abundantes defectos que nos caracterizan a los venezolanos.



Civiles y militares tienen la tendencia a magnificar los defectos del otro y de minimizar los propios. Los militares responsabilizan a los civiles por todos los desaguisados ocurridos entre 1958 y 1998, pero se olvidan de que, a través de sus mandos regulares, ellos han debido plantear correctivos y no pasar como los grandes mudos. Hay militares y civiles golpistas. Militares y civiles han apoyado dictaduras como la de Pérez Jiménez, pero otros lucharon contra la misma y sufrieron cárcel y destierro. Desde el 2002 a la fecha un numeroso grupo de civiles y militares se han opuesto al totalitarismo Siglo XXI y se encuentran presos o exiliados.



Tanto civiles, como militares son responsables de las actuales violaciones a la Constitución. ¿Acaso existe alguna diferencia de fondo entre lo expresado por el general Henry Rangel Silva y los rojos del CNE o con lo que a diario aprueban Cilia Flores y Carlos Escarrá? ¿Entre los oficialistas que asesinaron a Maritza Ron y el teniente que acribilló a Evangelina Carrizo? ¿Entre los pistoleros de la Baralt y los esbirros de la Guardia Nacional que agredieron en horas nocturnas a mujeres y niños en Los Semerucos? ¿Entre los camisas rojas que asesinaron a José Ramón Vilas y los Guardias que lo permitieron? ¿Entre los jueces militares que condenaron a Gebauer y los jueces civiles que condenaron a los Comisarios? Civiles y militares tendremos que unirnos para hacer respetar la Constitución y, a pesar de los deseos personales de Rangel Silva, en enero del 2013 tendremos un nuevo gobierno. En ese momento los venezolanos nos desintoxicaremos del odio. Sean civiles o militares, los asesinos, los violadores de los derechos humanos, los corruptos y algunos jueces tendrán que enfrentar a la justicia. En otros casos bastará con el desprecio público y muchos otros habrá que olvidarlos.



Como en botica: Condenamos las vejaciones a la juez Afiuni por parte del teniente Mestre y de la mujer custodia. Nuestra felicitación al valiente Guillermo Zuloaga por el Gran Premio de la SIP a la Libertad de Expresión. Germán Saltrón, representante de Venezuela ante la CIDH hizo el ridículo; bravo por Rocío San Miguel, Theresly Malavé y Nieto. Nuestro compañero Jacinto Bolaños fue asesinado por el hampa tolerada por el régimen. ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

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