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miércoles, 3 de abril de 2013
Ante el 14 de abril: A la Gente del Petróleo
Eddie A. Ramírez S.
Compañeros de lucha: este 14 de abril tendremos una nueva oportunidad de contribuir a cambiar el rumbo del país. Dimos un primer paso en febrero del 2002 cuando hicimos pública nuestra voluntad de oponernos a la politización de Pdvsa y sus filiales. Un segundo paso fue el 4 de abril al convocar a un paro petrolero para rechazar la designación de cinco directores internos de Pdvsa que solo tenían credenciales revolucionarias para ocupar esos cargos. El 7 de abril fuimos despedidos siete trabajadores y otros fueron obligados a jubilarse o quedaron sin cargo.
Logramos éxito cuando conseguimos que la CTV, Fedecámaras y la sociedad civil nos apoyara sumándose a ese paro los días 9 y 10. El 11 de abril fuimos factor determinante en la masiva concurrencia a la gran marcha que llegó a las cercanías de Miraflores y desencadenó unos hechos lamentables, responsabilidad del régimen, donde fueron asesinados 19 venezolanos y hubo cientos de heridos. En los sucesos posteriores, incluyendo la renuncia y regreso al poder de Chávez no tuvimos ninguna participación. El 14 de abril del 2002 todos los despedidos y jubilados fuimos reintegrados a nuestros cargos, pero nuestra lucha no cesó.
Los sucesos anteriores tuvieron una influencia determinante. Entendimos que no era suficiente con defender a nuestra empresa y que Pdvsa fuese una compañía del primer mundo en un país tercermundista. Esta convicción nos motivó a seguir en nuestra protesta en contra del régimen y fue factor decisivo para sumarnos al paro cívico del 2 de diciembre. Desde esa fecha hemos sufrido todo tipo de atropellos: desalojo violento de las residencias de los Campos Petroleros, siendo el más criminal el caso de Los Semerucos por parte de los chacales del Destacamento 44 de la Guardia Nacional, asesinato de nuestro compañero José Manuel Vilas, numerosos heridos por perdigones y planazos, ocho de nuestros voceros con orden de captura tuvieron que exiliarse y, desde luego, despidos masivos y veto para trabajar en empresas del Estado e incluso en empresas privadas que trabajan para el gobierno. Seguramente, como consecuencia de las presiones, muchos compañeros sufrieron enfermedades sicogénicas y fallecieron, algunos sin la debida atención médica y la mayoría han pasado por serias dificultades económicas. Recientemente 180 fueron sancionados con multas multimillonarias, situación que todavía está en proceso.
A pesar de lo anterior seguimos en la lucha y hemos participado activamente en todos los eventos electorales como testigos, coordinadores de centros, observadores, dando apoyo logístico y contribuyendo en los procesos de formación de testigos. Esto a pesar de que algunos actores políticos tratan de guardar distancia por considerar que no es positivo recordar la etapa del paro cívico.
Hoy estamos ante un nuevo reto y una nueva oportunidad. Sería nefasto que el país siguiera en manos de estos castrocomunistas, por lo cual tenemos que hacer el mejor de nuestros esfuerzos para motivar a votar, apoyar todo el proceso electoral y participar en las actividades que convoque el Comando Simón Bolívar. Estamos conscientes de que nuevamente será una lucha contra todo el poder del Estado y de que vamos a unos comicios que no son limpios. Una vez más, el régimen se apoyará en sus grupos violentos para agredir y amedrentar y desde luego las cuatro rectoras del CNE harán todo lo posible para evitar el triunfo de nuestro candidato Henrique Capriles.
No queda otra opción que enfrentar los abusos con la fuerza moral que tenemos. No será fácil, pero siempre la civilización termina imponiéndose a la barbarie. El militarismo y la fuerza bruta no podrán contra los principios y valores de la sociedad civil. ¡Vamos a poner todo nuestro empeño para que se imponga la democracia! ¡Seguimos presentes y comprometidos!
lunes, 24 de diciembre de 2012
lunes, 30 de noviembre de 2009
LA BIPARTITA
Alberto Quiroz Corradi
Había una vez en Venezuela una Comisión Tripartita recordada con nostalgia, conformada por el gobierno, el empresariado y el sector laboral. Allí, en una mesa de discusión respetuosa, se resolvieron muchos de los problemas que surgieron entre el capital y el trabajo. Este régimen no convocó a esa Comisión y ha negado toda posibilidad de ser el árbitro entre las partes. Peor aún, se ha dedicado a destruir tanto al sector privado empresarial como a los organismos sindicales. Lo trágico del problema es que se rompió también el diálogo entre el capital y el trabajo. Cada sector está ocupado en sobrevivir mientras ahora tienen como adversario común al árbitro de antaño. En el pasado la lucha entre el capital y el trabajo era para que cada parte obtuviera de la otra el mayor beneficio posible. Para evitar que el más fuerte impusiera “a juro” su voluntad, el árbitro (gobierno) velaba porque las partes actuaran dentro de un entorno lo más equilibrado posible. Lo que ninguna de las partes perseguía era la extinción de la otra.
Por eso se podía negociar. Nadie en su sano juicio se sienta en una mesa a pactar su defunción. Por eso en los países en transición hacia el comunismo no sobrevive la contratación colectiva. El engañoso objetivo de los trabajadores es obtener la propiedad de los medios de producción. Pero quien los confisca es el Estado. No hay, pues, negociación posible. Ni entre el sector privado en extinción, y los sindicatos ni entre el Estado y los trabajadores, ya despojados de sus organizaciones tradicionales. Por eso, en Venezuela no podrá existir otra Comisión Tripartita mientras este régimen permanezca en el poder. Todo intento de diálogo está no sólo condenado al fracaso sino, peor aún, será respondido por el gobierno con un argumento ideológico trasnochado, expresado de manera vulgar y ofensiva. Tanto el capital como el trabajo tienen que buscar una nueva alianza y superar sus diferencias tradicionales.
Hay que crear una Bipartita con representantes frescos y un árbitro nombrado por las partes. Desnudos de las intransigencias del pasado, reconociendo que lo más importante para todos es sobrevivir. De lo contrario no habrá ni propiedad que defender ni negociación colectiva ni institucionalidad democrática. La única opción posible para las partes es la Mesa Bipartita. Pero, si dentro de los dos sectores en peligro de extinción, todavía hay actores que creen que pueden sobrevivir sin un frente común, entonces estarán condenados a morir. ¡Tan sencillo como eso! Las partes tienen que aprovechar la Mesa Bipartita no sólo para enfrentarse a los esfuerzos del régimen para destruirlos sino también para empezar a diseñar un nuevo modelo de relación capital/trabajo. El patrono debe desarrollar una nueva ética para humanizar su rol en la sociedad y, de una buena vez, aceptar el derecho individual del hombre al trabajo (estabilidad arbitrada). Los sindicatos deben evolucionar hacia un nuevo clima más amable y productivo dentro de las empresas y contribuir a construir modelos de desarrollo organizacional actualizados.
Tienen que entender que en las sociedades modernas no existen luchas de clases. El gerente es también un trabajador y puede ser gremialista y el trabajador invierte sus ahorros en acciones de las empresas, lo cual lo convierte en accionista, sin perder ninguno de ellos ni su identidad ni sus objetivos. ¡Se puede! PD: Si los patronos y los sindicatos se hubiesen puesto de acuerdo para defender a las pequeñas empresas del Sur del Lago, se le hubiese hecho muy difícil a PDVSA confiscarlas.
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