domingo, 2 de mayo de 2010

EVOLUCION

Alberto Quiros Corradi

Pese a las, a veces, justificadas críticas que se le han hecho al desempeño de la industria petrolera, sostengo que hasta el comienzo del régimen chavista esta vivió una constante evolución positiva en las relaciones del Estado con terceros y en el incremento de su eficiencia hasta 1999.


Empecemos la historia a partir del pozo Zumaque en 1914, época de Gómez. Sabido es que el dictador favoreció a familiares y amigos con concesiones que estos vendían después a las trasnacionales. El Estado primero recibía muy poco. Luego impuso normas que le permitieron cobrar algunos impuestos, gracias a la labor de hombres como Gumersindo Torres. Primera evolución.


Bajo el General Medina se promulgó la ley de hidrocarburos de 1944, que se mantuvo vigente por muchos años, por lo visionario de su contenido. Segunda evolución.


Luego, bajo Betancourt, se estableció el pionero reparto 50-50 entre Estado y concesionarias. A partir de esa fecha hubo evolución tanto en el reparto Estado-terceros así como en el aprendizaje por parte de los gerentes venezolanos del manejo de la operación petrolera.

Después, bajo Carlos Andrés Pérez, en 1976, la industria petrolera se estatizó una vez aplicada la ley correspondiente. Vale la pena detenerse en este hito fundamental de la historia petrolera. Algunos han criticado la medida, alegando que bajo el sistema de concesiones la nación salió más beneficiada que bajo la mal llamada nacionalización. No estoy de acuerdo. Lo cierto es que a los venezolanos que laboraban en la industria petrolera, sin ánimo de generalizar, les faltaba experiencia en 4 áreas fundamentales del negocio petrolero. 1. La comercialización. Salvo la Shell, las otras concesionarias comercializaban sus crudos y productos desde sus casas matrices. 2. Teníamos contralores pero no tesoreros. Nos faltaba experiencia en negociaciones con el mundo financiero internacional para promover grandes proyectos. 3. La tecnología nos llegaba directamente del exterior. 4. Las compras de materiales y equipos de gran complejidad se hacían desde las casas matrices. La nacionalización nos obligó a superar con creces todas esas carencias y colocó a la gerencia nacional petrolera a la altura de las mejores del mundo.


Siendo ya expertos en todas las áreas del negocio petrolero podíamos pasar en los años 90 a la próxima evolución: la Apertura Petrolera. Ahora intentaríamos nuevas asociaciones con el capital nacional y extranjero. De allí surgieron, bajo condiciones de precios muy difíciles, las Asociaciones de la Faja Petrolífera del Orinoco, los Convenios Operativos y los Acuerdos de Exploración a Riesgo y Ganancias Compartidas.


En su momento dijimos que a la Apertura le faltó más audacia en sus estímulos al capital nacional. Sin embargo, aunque tímidos, hacia el final hubo intentos loables. Además, el gobierno autorizó la creación de un fondo especial donde se depositaría el 10% del costo de nuevos grandes proyectos, a fin de que los venezolanos pudieran comprar participaciones. Nueva evolución positiva que dejo de ser con la entrada del chavismo. Regresó el estatismo a ultranza, se perdió el profesionalismo y se destruyó a PDVSA. Esta involución obliga a que muchos de los 20.000 despedidos y algunos veteranos, superada la pesadilla, tomemos medidas agresivas para recuperar el tiempo perdido y regresar a la evolución positiva. Sólo que entonces daremos un salto cuántico tanto en la apertura al capital nacional y extranjero así como en el reparto de la renta petrolera directamente a sus propietarios: los venezolanos.

sábado, 1 de mayo de 2010

ASAMBLEA, POLÍTICA Y PETRÓLEO

Rafael Gallegos


En momentos como el actual, líderes de la talla de Rómulo Betancourt, deben servir de referencia y orientación. Su “Venezuela política y petróleo”, es una magistral síntesis de nuestro acontecer en la primera parte del siglo XX. Allí muestra ese coctel de política y petróleo que viene siendo nuestra historia. Inicia con la danza de las concesiones petroleras, el advenimiento de las transnacionales y su influencia en los gobiernos de Gómez y subsiguientes, la política petrolera de Acción Democrática, las leyes petroleras, el fifty fifty y la estrategia de no más concesiones. Su concepción del negocio petrolero desembocó en la fundación de la OPEP, la CVP y la exitosa nacionalización de la industria petrolera en 1976. Betancourt contó con el apoyo de valiosos venezolanos como Pérez Alfonzo. Curiosamente los “historiadores” de esta “revolución”, tratan exaltar a éste y condenar a Betancourt, como si no fueran ramas del mismo árbol. ¿Más falsificación de la historia?


Las ideas de estos próceres de la democracia, aunadas a la “siembra del petróleo” de Úslar Pietri, complementan la orientación fundamental de la política petrolera, que debemos impulsar desde la Asamblea Nacional a partir del necesario triunfo de septiembre, para superar este cortocircuito del sentido común que padecemos.


A continuación, esbozamos algunos aspectos que deberán ser legislados por la nueva Asamblea, para orientar a Venezuela hacia una relación fructífera petróleo – país, que se refleje en calidad de vida para los venezolanos:


1.- JUSTICIA CON LOS PETROLEROS EXPULSADOS

Aunque usted no lo crea, a los 23.000 petroleros expulsados por unirse la huelga general del 2002 (entre los cuales me cuento y con mucho orgullo), en la mayor lobotomía empresarial de que se tenga recuerdo, no les han cancelado ni la caja de ahorros, ni las prestaciones, ni ninguno de los emolumentos correspondientes. Por si fuera poco, no los dejan trabajar con el Estado, los mandan a botar de las contratistas. Son perseguidos en su propio país. Condenados, como muchos otros, a ser venezolanos de segunda. Inciliados. Muchos han tenido que salir de Venezuela por diversos motivos políticos y económicos. Tal vez haya tres o cuatro mil trabajando en la industria petrolera internacional… pero CERCA DE VEINTE MIL, están sobreviviendo en Venezuela, en condiciones desventajosas y a NINGUNO… le han retribuido lo que le corresponde.


La consecuencia de esta lobotomía está a la vista. Producción petrolera en merma, vergonzosa importación de derivados, y a pesar de un barril a más de setenta dólares, gigantesco endeudamiento de PDVSA. ¿Asfaltando la ruta al triángulo de las Bermudas?


La nueva Asamblea Nacional debe legislar para obligar a reconocer todos los derechos de esos trabajadores. Y esas leyes, deben extenderse a otros petroleros esquilmados por tanta injusticia, como los contratistas y empleados de la costa oriental del Lago de Maracaibo.


Rescatar los derechos de estos venezolanos, además de justicia, es reimpulsar la industria petrolera, como una vía para sacar al país de este atolladero.


2.- REINGENIERÍA PARA LA INDUSTRIA PETROLERA

La Asamblea deberá legislar salvar la industria petrolera. La reorganización total, desde la semilla. Acabar con la verdulización.


Un Ministerio de Petróleo fuerte y separado de la industria, que se encargue de administrar la política petrolera.


Una política petrolera democrática, que oriente el funcionamiento del negocio, su contribución al desarrollo nacional y el rol estratégico de la inversión privada sin tanta tara ideológica; que conceptualice sobre la Responsabilidad Social de la industria petrolera, para facilitar la generación de prosperidad en las comunidades de influencia.


La promoción de una industria conexa que genere millones de empleos y la puesta en marcha de una política petroquímica que sirva de pivote a la industrialización de Venezuela y se constituya en la herencia que nos deje el petróleo, para cuando llegue el anunciado e inevitable día en que la gasolina deje de mover al mundo.


En referencia a los impuestos, habrá que legislar para por fin, dejar la Regalía en las regiones y localidades, así como en obligatorios porcentajes de salud y educación. Igualmente, crear leyes para que los venezolanos, otra vez por fin, tengamos acciones de la industria, que podamos gastar en áreas prioritarias.


Es imperativo utilizar a la Asamblea para revertir tanto marasmo que nos coloca – y no exagero- al borde del colapso y colocar a nuestra industria petrolera en condiciones de servir a los venezolanos. Rescatar la industria petrolera para transformar el petróleo en hospitales, escuelas, infraestructuras, industrias empleos, o sea… para salvar a Venezuela.


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