domingo, 16 de agosto de 2009

"EL ASEDIO INUTIL"

Alberto Quiroz Corradi

Es el título de un libro de lectura obligada. Si algún día pretendemos entender estas contradicciones que nos gobiernan debemos conocer cómo llegamos aquí.

En su conversación con Ramón Hernández, Germán Carrera Damas se da y nos da un banquete con platos de historia, política, militarismo, demagogia y autoritarismo con dosis de definiciones de democracia liberal, socialdemocracia y democracia cristiana con enorme claridad y sentido didáctico. Luego nos ofrece una aguda visión de nuestra sociedad destacando que todavía no hemos hecho la transición de súbditos a ciudadanos. Esto tiende a explicar porqué el enamoramiento con un autócrata. Estamos acostumbrados a obedecer. Para complicar, aun más el problema quien nos manda tiene todas las características de un sargento: “la mitad del poder de un sargento consiste en obtener de sus dependientes una obediencia absoluta, inmediata y eficaz porque hay que inculcarles la conducta de mando/obediencia”.

El sargento ordena, los soldados obedecen y tienden a mirar en él al símbolo que les resolverá todos sus problemas. Por eso ante cualquier dificultad la consigna es “hablar con el presidente”. Por su parte, nuestro sargento cree que su condición de presidente le da el derecho de intervenir directamente en el manejo de instituciones que tienen sus propias y legítimas autoridades. Recuerdo cuando Chávez dijo, como algo inaceptable, que en la vieja Pdvsa él no podía despedir a nadie. Por eso, la vieja Pdvsa era lo que era y la actual es una mala caricatura de una empresa petrolera. Por supuesto que Chávez no puede despedir a ningún trabajador de Pdvsa, ni de ninguna empresa pública o privada. No está entre sus atribuciones, como no lo está mandar a “echarle gas del bueno” a manifestantes, ni regalar el dinero de los venezolanos.

Carrera Damas le otorga enorme importancia al trienio 1945-48. En ese periodo se estableció la democracia liberal. El gobierno incluyó en el proceso político a todos los venezolanos al darle el voto a las mujeres y a los analfabetas. Antes menos de la mitad del país tenía derecho a participar en los procesos electorales. Consagró también la elección directa y secreta del presidente de la república, rompiendo con el molde gomecista dentro del cual el presidente en ejercicio nombraba a su sucesor. Intentó, aunque a mi manera de ver infructuosamente, de subordinar el poder militar al poder civil. No lo logró como lo evidencian los hechos de 1948 y de 1958. Luego de varias décadas de civilidad sufrimos, de nuevo, el peso de un gobierno militar/militarista como nunca lo habíamos conocido. Los gobiernos anteriores militares tenían, por lo menos, la inteligencia de reclutar los mejores civiles para administrar el país. Hoy, a cualquier sargento lo encargan de presidir instituciones que requieren de profesionalismo para su buena administración.

Otro concepto desarrollado en el libro es lo inconveniente de la intolerancia democrática mal entendida: no se trata de impedir el libre juego de las ideas. Lo que no es “tolerable” es que por cobardía no se discuta y rebata con lo que estamos en desacuerdo ni aceptar actos ilícitos para evitar perder apoyo popular (un error político garrafal).

Carrera Damas es optimista. Cree que los valores democráticos de la sociedad venezolana se impondrán y que no veremos a Venezuela convertida en Cuba ¡Amen!

He omitido mencionar hasta ahora, injustamente, a Ramón Hernández quien con sus incisivas y provocadoras preguntas le abrió el camino a Carrera Damas para una clase magistral.

Un libro imprescindible.

jueves, 13 de agosto de 2009

LEY TRUCUTRÚ

>Rafael Gallegos


La Ley de Educación reforzará el poder del Estado hasta el infinito y completará el aparataje comunistoide en conjunto con otras leyes de ese talante. Pero lo más grave, es que constituye un misil para preparar en pleno siglo XXI, ciudadanos si acaso, del siglo XIX. Y este desfase, implica hambre y autocracia para Venezuela. En lugar de formar ciudadanos para el mundo moderno, formará trucutrús para la “revolución”. Pura caverna en la era del ciberespacio.


La ley de educación incrementa la autocracia. Da al Estado (en Venezuela… al partido) tal poder que puede destruir a su criterio, cada vez menos confiable, a un director de escuela y de paso debilita hasta la inanición la autonomía universitaria. Además, permitirá legalizar la historia que explique a los estudiantes que Chávez se vio obligado a encabezar una angelical rebelión contra la tiranía de Pérez, o que en Cuba hay democracia y los cubanos son felices como en Bambiliandia. La Ley de Educación reforzará el aparataje comunistoide que en conjunto con la ley de propiedad social, que nos hará dueños de nada; con la opaca ley electoral, que ellos ni de lejos aceptarían en caso de estar en la oposición; y con las vergonzosas interpretaciones leguleyéricas que en nombre de la democratización, amenazan seriamente la libertad de expresión.


Pero lo que más preocupa, es el retraso que encierra esta ley para Venezuela. En lugar de preparar ciudadanos amantes de la libertad, la tecnología y la innovación, capaces de enrumbar al país hacia una economía altamente productiva y de aplicar una inteligente gerencia social que acabe con la marginalidad; nos proponen formar miles de trucutrús, que en lugar de fomentar la democracia y la propiedad privada, amen al líder forever. Trucutrús que en vez de formar empresas competitivas, las invadan; que creen improductivas, cursis y quebradas industrias socialistas; que miren al mundo por el distorsionado y “raspado” cristal marxista.


Se trata de reproducir el fracaso de Cuba, que ofrecía una zafra de diez millones de toneladas de azúcar y cincuenta años después apenas produce dos. Que importa el 80 % de los alimentos y el pueblo no dispone de artículos de consumos elementales como neveras o lavadoras. Que dependen de una tarjeta de racionamiento para medio comer. Si el comunismo cubano es tan exitoso, ¿por qué no abren las puertas a los oprobiosos medios capitalistas, para que hagan reportajes y se mueran de envidia?


EL GLORIOSO GENERAL CHIP


Ni los generales Eisenhower, Mac Arthur o Colin Powell, con todo su armamento, o el general Electric con su oferta de confort masivo, fueron capaces de hacer mella en el poderoso comunismo soviético. A pesar de las guerras de Corea, Viet Nam, o las invasiones a Santo Domingo o Grenada, el comunismo como una epidemia, se expandía por los cinco continentes. Algunos analistas serios predecían un futuro comunista para el mundo. Todos esos generales fracasaron… hasta que llegó el sorpresivo general Chip y desnudó la ineficiencia del comunismo. La lenta y tortuosa burocracia de la URSS no pudo abordar los retos cibernéticos. Se ahondó la brecha entre la improductividad socialista y el pujante capitalismo. No podían producir bienes y servicios de la misma calidad o a los mismos costos que el capitalismo. Eso se tradujo en más hambre. Implotaron. Cayó el Muro de Berlín. El comunismo se suicidó. Los chinos pusieron su barba en remojo y se convirtieron en dragones capitalistas. El comunismo sumó al totalitarismo de las invasiones de Hungría o de Checoslovaquia, un monumental fracaso económico.


Pero esta “revolución” acaba de “descubrir” las bondades del socialismo. Y quiere formar hombres “nuevos” como los cubanos o soviéticos. Incapaces de disentir, de innovar, alérgicos al Internet, desconocedores de la democracia. Incapaces de afrontar los retos de este siglo. Médicos de tres años, periodistas sin título, maestros sin estudios suficientes, consejos comunales asesorando complejas tecnologías. Fábricas de títulos en lugar de títulos para las fábricas.


¿Por qué en lugar de copiar al fracasado comunismo, no copiamos a Japón, donde los niños nacen con una computadora debajo del brazo, o a Noruega dónde la alta tecnología asociada con verdaderas políticas sociales logra el hambre cero y la prosperidad cien? Es imperativo producir con productividad. Lo demás es hambre. Trucutrús o ciudadanos del siglo XXI, usted escoge.


¿LOS CHÁVEZ DEL MAÑANA?


No sabemos si es un chiste; pero la flamante autoridad única de Caracas nos amenaza con que la Ley de Educación permitirá formar los chávez del mañana. ¿Ese es el hombre nuevo que nos ofrecen? Si con uno estamos como estamos… ahora si es verdad que el ciudadano va a repudiar la ley. ¿Emularán a los Niños de Brasil con los Niños de Venezuela? Dios nos ampare.


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