miércoles, 8 de abril de 2009

El autor intelectual

Eddie Ramirez


Sin ninguna duda, la masacre del 11 de abril del 2002 tiene como autor intelectual al actual inquilino de Miraflores. De allí su negativa a que se constituya una Comisión de la Verdad y sus esfuerzos en tergiversar la historia. En efecto, el teniente coronel no intentó impedir el enfrentamiento y más bien lo promovió. Pudo abortar la crisis y no lo hizo. Pudo desinflar la manifestación y no lo hizo. Pudo detener la marcha y no lo hizo. Pudo retirar a sus pistoleros y no lo hizo. Pudo ordenar que la Guardia Presidencial tomara la Zona de Seguridad de Miraflores y no lo hizo. Pudo hacer un llamado a la calma y alertar del peligro de enfrentamiento y no lo hizo. Por si fuera poco, cuando se asustó, intentó sacar al ejército activando el Plan Ávila.


El autor intelectual inició la crisis de abril el 25 de febrero del año 2002, cuando designó como Directores internos de PDVSA a cinco profesionales que no tenían ningún mérito para ocupar esos cargos, salvo el pertenecer a la marabunta revolucionaria. Después de intentos infructuosos para llegar a un acuerdo, ante el inicio de las represiones en contra del personal, el 4 de abril los trabajadores petroleros iniciamos un paro exigiendo la renuncia de la Directiva de la empresa. Cabe apuntar que inicialmente no objetamos las designaciones de Gastón Parra como Presidente, ni de los Directores externos Rafael Ramírez, Carlos Mendoza Potellá, Clara Coro y Arnoldo Rodríguez Ochoa, aunque solo nos parecían acertadas las designaciones de los dos últimos. Tal día como hoy, 7 de abril de 2002, el autor intelectual precipitó los acontecimientos al despedir a siete empleados petroleros con un pito en su programa Aló Presidente, hecho vergonzoso que ocasionó que la sociedad civil, la CTV y Fedecámaras dieran un respaldo a los petroleros y que el día el 9 se iniciara un paro general que se prolongó hasta el 11. Agradecemos el apoyo que nos dieron en esa oportunidad Carlos Ortega y Pedro Carmona.


El día 10 en la noche, Gastón Parra decidió renunciar y al día siguiente a las 8am le solicitó la renuncia a toda la Directiva. Sin embargo, el teniente coronel no anunció estas renuncias, las cuales hubiesen desinflado un poco la marcha y quizá la misma solo hubiese llegado hasta Chuao, que era la meta programada. Cuando la manifestación se enrumbó hacia Miraflores pudo ser fácilmente detenida en la autopista Fajardo. Dos tanquetas y un pelotón de guardias nacionales hubiesen podido dispersarla, tal y como hicieron el 27 de febrero del 2004 cuando no permitieron que una marcha igualmente multitudinaria llegara al Teresa Carreño. Los generales Belisario Landis y Eugenio Gutiérrez deben contestar por qué el 11 de abril no interceptaron la marcha. Seguramente el mencionado autor intelectual les dio la orden de permitirnos el paso, camino a la emboscada.


Ante el avance de la marcha pacífica, con asistencia de niños y ancianos, lo procedente era que el teniente coronel encargara de la custodia de Miraflores y áreas aledañas a quienes legalmente compete, es decir a la Guardia Presidencial y a la Guardia Nacional, ordenando el retiro de los pistoleros oficialistas. ¿Por qué no dio esa orden y por qué el general Viteri Viteri no tomó los edificios y calles de la Zona de Seguridad? ¿Por qué altos funcionarios del gobierno hicieron llamados a la población a “defender la revolución”? ¿Por qué el teniente coronel, quien en esos momentos se dirigía al país, no se refirió al enfrentamiento que estaba ocurriendo? No olvidemos sus tétricas palabras ante la Asamblea Nacional el 15 de enero del 2004: “…cuando yo agarré el pito aquel y empecé a botar gente, yo estaba provocando la crisis; cuando nombré a Gastón Parra Luzardo y aquella Junta Directiva pues estábamos provocando la crisis. Era necesaria la crisis”. El tiempo demostró que quería ponerle la mano a los recursos de PDVSA, como en efecto lo ha hecho, pero cabe preguntarle al teniente coronel autor intelectual, ¿también era necesaria la masacre de 19 venezolanos? A la fecha se desconoce el resultado del inicuo juicio en contra de los tres Comisarios y ocho efectivos de la Policía Metropolitana, de cuya culpabilidad no existe ninguna evidencia. El autor intelectual está plenamente identificado y confeso y en algún momento será enjuiciado.


No hay comentarios:

Entradas mas leidas

Navegacion