viernes, 13 de marzo de 2009

El caterpillar de la pobreza

Andrés Matas

Afirmar que las revoluciones son una máquina de producir pobreza es algo que no merece explicación a estas alturas del siglo XXI, los ejemplos son tan abundantes que resulta redundante detenerse y solazarse en ellos. Pero nuestro socialismo bolivariano del siglo XXI se empeña día tras día en demostrarnos que no hay desgracia que no se pueda superar y actúa como un verdadero caterpillar de la pobreza, o, lo que es lo mismo, de la destrucción de riqueza.

A pesar de que hay ejemplos más importantes quiero referirme a la expropiación (intervención) de Marina Grande. El éxito de este pobre balneario no radica en la belleza de sus playas, de hecho al este del mismo hay varias playas más o menos iguales, las cuales están llenas de taguaras, bebederos de cerveza y modestos restaurantes. No, el éxito radica en un par de servicios medianamente organizados: Estacionamiento seguro, baños discretamente limpios y dos o tres ventas de bebidas y comidas aceptables Si la gobernación de Vargas organizara los servicios en las otras playas sería una competencia formidable para el balneario de Marina Grande. Podría otorgárselos a cooperativas y EPS para multiplicar la oferta playera en la zona y bajaría el precio de pasar un día en la playa, obligando a la gente de Marina Grande a hacer lo mismo. Aumentarían los temporadistas y bajarían los precios. En resumen, crearían riqueza. Pero esa no es la idea que persigue la revolución. En vez de ello, intervienen la única playa a la que se puede ir con algo de seguridad y obligan a que sea gratis. Resultado: no habrá playa segura y se irán los turistas. Conclusión: creación de pobreza.

Esta conducta se repite en todo, no son capaces de hacer la siderúrgica que prometen hace una década, pero se cogen Sidor; no pueden hacer una planta de crudo sintético, pero se cogen Sincor. Eso sí, le cambian el nombre a Petrocedeño, para eso sí son buenos. Así hay infinidad de ejemplos, pero lo más grave es el tratamiento del sector agrícola, el más atendido en las cadenas oficiales y shows dominicales. Hay que decir que nuestro Líder presume de ser un puñal en la cuestión agrícola y hablar del tema es algo que le encanta. Si el éxito del sector fuera proporcional a la verborrea oficial ya Venezuela sería el ejemplo de la revolución agraria. Nuestro Presidente habla de todos los cultivos, de las vacas, de lo pernicioso de los eucaliptos y de cuanta vaina se le ocurre. En consecuencia, todas las medidas que inventa son intervenir la agroindustria, al fin y al cabo es algo que domina, “Si Lorenzo no se disciplina me cojo toda la Polar”, como si el emporio agroalimentario que ha creado Polar en casi 70 años fuera como soplar y hacer botellas. Una amenaza de arrasar con el caterpillar de la pobreza todo lo que ha creado una organización disciplinada e imaginativa.

A mí me gustaría que la brillantez de nuestro Prócer fuera más allá de la agricultura, porque la economía es mucho más que sembrar. Me gustaría que expropiara a la Toyota y llenara el planeta de vehículos revolucionarios. Podríamos competir en vehículos híbridos, que están de moda actualmente. Tal vez se podría asesorar con Fidel que está ocioso desde que dejo el gobierno de Cuba y es un estudioso de estos temas, de modo que el patriarca lo asesorara mientras descansa de alguna de sus numerosas caminatas por La Habana y lográramos, entre Venezuela y Cuba, saltar a la vanguardia tecnológica del transporte amigable con el ambiente. Pero esos temas les quedan grandes a nuestros economistas revolucionarios, su obsesión es sembrar yuca y fabricar alpargatas, con baja productividad. Sus ideas no superan el caterpillar de la miseria.

Lo más terrible es que esa es su forma de subsistir. Cuanta más pobreza generan más dignidad e identificación producen entre los pobres. Aquí es que se equivocan los que creen que la estrategia es errada. Al contrario, las revoluciones se afirman sobre el caterpillar de la pobreza. ¡Que Dios nos coja confesados!

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